sábado, 21 de diciembre de 2019

This message was deleted



Si dejo que la tristeza me gane
me encontrarán hundido en la cama
dentro de un gran agujero
húmedo y oscuro,
maloliente,
circular.
Y mis manos abrazarán mis vértebras,
los pájaros se posarán en mis costillas,
los mirlos picotearán mis labios hasta
verlos madurar,
violetas y engangrenados,
harán de mí un banquete para las moscas.

Si dejo que me alcancen los recuerdos,
si los revivo desde la nostalgia
no habrá valle por el que no me quiera echar a volar.
¿Cuánto crees que pesa el esfuerzo diario
de no sentir absolutamente nada
cuando subes como náusea por mi tráquea?

El peso en el pecho cuando te pienso,
si dejo que me atrapen las ganas
no habrá velocidad del sonido que
soporte mis alaridos,
mi cara se desfigurará,
llegarán mis comisuras tan abajo
que me las pisaré al andar,
nacerán en mí huesos que no existen
solo para darle hogar a la tristeza,
las tripas de las que tan orgulloso estaba
se endurecerán
y los niños romperán farolas con ellas.

Si dejo que me alcances,
si me dejo agarrar,
si un día me parase,
no quedaría en la ciudad embalses suficientes
para contener el río en el que me has convertido.
Y ojalá poder llorarte,
ojalá sacarte de la carne y ver brotar la sangre
por fin,
pero soy un tipo egoísta y reservado,
si este es mi dolor
mío será.

Pero
si dejo que me alcances,
¿qué es lo que harás tú?
¿Llenarás de agua el agujero de mi cama?
¿Me convertirás en semilla?
¿Dejarás que me retuerza y me arquee
para columpiarte entre mis ramas?
¿Qué harás tú?
¿Traerás jaulas para atrapar los mirlos
que picotean de mi tristeza?

¿Qué harás tú
cuando me de igual
que todo esto me atrape?
Que aparezcas cuando ya solo queden huesos,
y todas las farolas se hayan roto
con las piedras de mis tripas,
y el mundo se vuelva tan oscuro
que solo te quede cerrar los ojos
y dejarte
llevar.

lunes, 16 de diciembre de 2019

Memento Mori




¿Recuerdas qué pereza salir de mi habitación?
Aun me pregunto qué pensabas de mí
cuando me desenroscaba de tus piernas y tus brazos
y me iba a fumar y a beber café asomado a la ventana
y tus brazos y tus piernas me echaban tanto de menos
que te hacías bola encima del escritorio
y veíamos juntos
el mundo andar.
¿Recuerdas el primer beso?
¿Qué se hace con una obra de arte
que ya ha ganado todos los premios?
¿Recuerdas cuando las canciones hablaban de nosotros
hasta cuando se me olvidaba poner la radio?
Encima de tu vaquero más grueso,
mis ganas serpenteaban hasta que sonreías
gimiendo
no-puedo-más.

Qué tuvo que pasar para que tus no-puedo-más
ahora sean tan distintos.
La inercia de los días,
tan atractiva como siempre,
arrastrándome con sus cantos de sirena deforme.
La tristeza mal curada,
la pus en unas heridas que habían cicatrizado tan mal
que ni existían.
Podía haberlo hecho de otra manera,
me lo repito una
y otra vez.
Podría haber dado tiempo y espacio
a tus aullidos,
ser manada,
protegernos.

Podría haberte dicho que no me encontraba bien
cuando todavía quedaban márgenes suficientes para el error,
pero mis no-puedo-más son peligrosos,
explotan y envenenan,
desgarran la carne hasta el hueso, claro.

Llevo meses pensando en la muerte
como algo irremediable,
inevitable,
que dice Iván que es algo que no se puede cambiar,
me niego a pensar que tú y yo hayamos muerto también.

Creo que si pudiera hablar sobre lo que siento de verdad,
sin máscaras, sin mantas entre las que esconderme,
sin otras tías a las que follarme pensando en ti,
sin las manos en los ojos,
sin miedo a salir herido,
más aun, quiero decir.
Creo que si me lo pidieras
haría el esfuerzo de desmembrarme,
de paso por paso,
explicarte por qué tengo tanto miedo,
por qué soy incapaz de dejarme llevar,
por qué todo me parece mal.
Punto por punto,
te abriría mi cráneo,
y dejaría que hurgaras con tus diminutos dedos
y tejieras de tus pestañas a mis ojos
las lágrimas que me inundan
y nadie lo ve.
No pueden verlo.
Y yo me estoy ahogando.
Siento que me estoy quedando sin hueco,
que todo se vuelve húmedo y salado
y arden mis entrañas y
mis
no-puedo-más
lo van a llenar todo de mierda.

¿Recuerdas cuando todo parecía ir bien?
Era porque todo iba bien.
Y ya nos habíamos comido toda la miel
y éramos las moscas
y nos creíamos invencibles
a pesar de vivir solo
48 horas
enredados en la cama
tomando café
follando,
superando pérdidas,
acompañándonos en las malas
y en las buenas.

¿Recuerdas cuando todo parecía no importarnos?
Volvamos allí
y digámosles a esos dos gilipollas
que guarden miel para el invierno.

sábado, 7 de diciembre de 2019

Forrest Gump



Corro rápido
para que la tristeza
no me alcance,
pero me canso rápido.

Hace frío polar,
y el vaho de mi boca es el único
que llena esta habitación.
Últimamente solo pienso
en que todos se marcharán
uno a uno
y dejarán a este inadaptado que soy yo
solo, solito, solo,
y ya no habrá más prórrogas,
ya no vendrás a salvarme
de mí,
no vendrás a ver cómo me destruyo
de cien mil maneras distintas,
como lo destrozo todo
a base de decisiones mal tomadas.

Corro rápido
para que no me alcances,
para que la velocidad
dibuje una sonrisa falsa
en mi cara,
para huir de lo que pienso
cuando te pienso.

Corro bastante más rápido que antes
pero me duelen los pies y las manos,
y estoy cansado de no tener a dónde ir.
Y es entonces cuando no tengo nada que hacer
y me acuerdo de tus pies apoyados en los míos
antes de dormir.
Y me acuerdo de tus diminutos dedos
acariciándome la nuca,
de cómo te agarrabas a mi brazo al andar,
pero también,
de cuando llorabas en mi coche,
de cuándo lo estropeé todo,
de cuando la calma era el preludio a
la tormenta que suponía no entendernos.

Corro rápido,
te lo prometo.
Cuesta arriba
lo más arriba que puedo.
Solo por si se diera la casualidad
y me vieras.
Mira qué alto
mira qué escaleras,
mira qué solo que estoy.

Corro rápido porque
no te quiero pensar más.
Y cuando apareces
rompo el móvil,
y sudo ríos.
Cuando apareces se me rompe
el corazón en tantos pedazos
que ya no tengo nada más
que puedas romper.

Y aun así,
corro porque dueles,
y si pudiera llorarte,
lo haría.
Pero no puedo.
Porque siento que
irme ha sido un alivio para ti,
porque tienes tiempo de sobra,
de nuevo,
porque ya no tendrás que ocuparte
de entenderme,
porque ya no te sentirás cansada
de no estar a la altura.

Y yo mientras,
mira qué escaleras,
ojalá pudiera alcanzarte.
Pero el secreto está
en que corriendo no se llega a ninguna parte.

Al menos no donde tú estás.

.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.