lunes, 16 de diciembre de 2019

Memento Mori




¿Recuerdas qué pereza salir de mi habitación?
Aun me pregunto qué pensabas de mí
cuando me desenroscaba de tus piernas y tus brazos
y me iba a fumar y a beber café asomado a la ventana
y tus brazos y tus piernas me echaban tanto de menos
que te hacías bola encima del escritorio
y veíamos juntos
el mundo andar.
¿Recuerdas el primer beso?
¿Qué se hace con una obra de arte
que ya ha ganado todos los premios?
¿Recuerdas cuando las canciones hablaban de nosotros
hasta cuando se me olvidaba poner la radio?
Encima de tu vaquero más grueso,
mis ganas serpenteaban hasta que sonreías
gimiendo
no-puedo-más.

Qué tuvo que pasar para que tus no-puedo-más
ahora sean tan distintos.
La inercia de los días,
tan atractiva como siempre,
arrastrándome con sus cantos de sirena deforme.
La tristeza mal curada,
la pus en unas heridas que habían cicatrizado tan mal
que ni existían.
Podía haberlo hecho de otra manera,
me lo repito una
y otra vez.
Podría haber dado tiempo y espacio
a tus aullidos,
ser manada,
protegernos.

Podría haberte dicho que no me encontraba bien
cuando todavía quedaban márgenes suficientes para el error,
pero mis no-puedo-más son peligrosos,
explotan y envenenan,
desgarran la carne hasta el hueso, claro.

Llevo meses pensando en la muerte
como algo irremediable,
inevitable,
que dice Iván que es algo que no se puede cambiar,
me niego a pensar que tú y yo hayamos muerto también.

Creo que si pudiera hablar sobre lo que siento de verdad,
sin máscaras, sin mantas entre las que esconderme,
sin otras tías a las que follarme pensando en ti,
sin las manos en los ojos,
sin miedo a salir herido,
más aun, quiero decir.
Creo que si me lo pidieras
haría el esfuerzo de desmembrarme,
de paso por paso,
explicarte por qué tengo tanto miedo,
por qué soy incapaz de dejarme llevar,
por qué todo me parece mal.
Punto por punto,
te abriría mi cráneo,
y dejaría que hurgaras con tus diminutos dedos
y tejieras de tus pestañas a mis ojos
las lágrimas que me inundan
y nadie lo ve.
No pueden verlo.
Y yo me estoy ahogando.
Siento que me estoy quedando sin hueco,
que todo se vuelve húmedo y salado
y arden mis entrañas y
mis
no-puedo-más
lo van a llenar todo de mierda.

¿Recuerdas cuando todo parecía ir bien?
Era porque todo iba bien.
Y ya nos habíamos comido toda la miel
y éramos las moscas
y nos creíamos invencibles
a pesar de vivir solo
48 horas
enredados en la cama
tomando café
follando,
superando pérdidas,
acompañándonos en las malas
y en las buenas.

¿Recuerdas cuando todo parecía no importarnos?
Volvamos allí
y digámosles a esos dos gilipollas
que guarden miel para el invierno.

No hay comentarios:


.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.