domingo, 3 de junio de 2018

Madrid.






Tengo ganas de ti
y no.
La gente es esclava de tu piel
y reptas como una serpiente,
engullendo todo lo que parece brillar
un poco por sí mismo.

Viviría colgada de tus colores
porque hasta con eso manipulas
a tu antojo
el amor que se te pueda tener.

Me haces echar de menos
más de la cuenta,
lugares, pieles, olores,
y a cambio me anestesias con
ajetreo y facilidades.

Planteas una vida moderna
autónoma y casi automática,
a pesar de vestir,
la mayoría de las veces,
un gris anticuado,
casi de postguerra.

Las cosas que más he querido
viven o han vivido en ti,
quizás por días,
tal vez por años.
Yo siento haber sobrevivido
a un siglo de distancias,
odiándote,
odiándome.

Ni la poesía sabe igual en tus labios,
ni la cerveza me ayuda a digerirte mejor.
Fui otra persona cuando me abrazabas
¿Qué pasará ahora que nos volveremos a encontrar?

Intento ponerle una sonrisa
a ese billete de avión que aun no
me he comprado,
pero siempre consigues arrebatarme
lo mejor
en el momento más desafortunado.
Sé que me esperan abrazos y amor
pero también estar solita,
sin siete kilos de amor entre mis pies
al irme a dormir.

Tú vives tranquilo sin saber
a qué huele Benijo,
compras café horrible
y nunca duermes escuchando el mar.
Alejas a la gente,
nadie sabe quién es el nieto de fulanito,
ni por quién replican las campanas hoy.

Quizás sea por mí.

Me matas
y me das la vida.

Te extraño y te detesto.
Te necesito porque eso pasa con las drogas.

Que nos consumen
pero qué gustito,
y qué bien se vive aquí,
y qué bueno volvernos a encontrar.

Siempre con la mente en otro lugar,
en ti uno planea con el verbo
volver
entre los dientes.

Has dejado huérfanos
a un millón de planes por hacer
y vuelves a reconectar dudas absurdas
sobre si se olvidarán de mí
las paredes de mi casa,
mi cama,
mi gato,
su piel,
mi piel.

Y lo peor,
me secas la nariz
hasta sangrar

Hijo de puta.

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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.