lunes, 19 de noviembre de 2018

Hogueras (12.8.18)



Habíamos ido encendiendo hogueras
por todos aquellos sitios donde nos amamos,
quemamos puntas de palos
para dibujar en nuestra carne
que era verdad que éramos felices.
Hasta en los sitios en los que no habíamos estado
s
e prendían focos controlados
p
ara avisarnos de que podíamos acabar con todo
s
i queríamos.

Y vaya si queríamos.

El primer conato de fuego
apareció en tus labios.
Yo intenté por todos los medios
apagarlo como fuera
p
ero mi lengua de gato
no hacía más que avivar las llamas,
creando remolinos de aire caliente,
esparciendo besos como si fueran rastrojos secos,
veneno de verano.

Luego llegó el desastre de tus pechos
soplando fuerte llamas descontroladas
en mis pestañas
y en las yemas de mis dedos.
Te atrapé en un círculo mortal de fuego
mientras me mirabas a los ojos.
No pediste ayuda,
no querías ser salvada
y yo hice lo propio
de un desastre natural: arrasar con todo.

Te doblaste como caucho,
arqueaste toda tu columna vertebral
como el tronco de una sabina
y me volviste azul
y naranja,
incandescente
y fuera de control.

Nos rodeaba un bosque verde de paredes,
un aire tan caliente que ardía respirar.
Nos dijimos te quiero mientras tiritábamos
porque lo único que podía con aquel calor
era el miedo al fracaso.
Pronto mis dientes se convirtieron en chispas
y se propagaron por tu piel llamas de todos los colores,
derretimos el miedo con cocteles molotov,
vimos arder edificios
donde habitaban temores de patas cortas.
Te miré a los ojos
mientras el fuego se reflejaba aun
en tus pupilas oceánicas.

Nunca más tuve miedo
y convertí cada acto de amor
en una excusa para prender fuego a todo.
Nunca había tenido tantas razones
como hoy para pensar que ser pirómano
tiene su encanto
si son palabras lo que arden bajo tu vientre.

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.Tienes el mundo en la palma de la mano y la poesía en los pulmones.