viernes, 27 de septiembre de 2019

Como una ballena.




Odio que mi manera de amar
sea más una guerra que una tregua,
que vea belleza en las trincheras
y libertad en un puto tiro en la sien.
Siento que todo en mí sea tan convulso,
intenso y desproporcionado.
He intentado querer en voz baja muchas veces
y es lo mismo que ver nadar a una ballena
en una piscina de jardín:
ridículo, forzado y triste.

He llegado a pensar
que debo ser el común denominador.
Que soy el único culpable de que las cosas
nunca funcionen.
Que dinamito los cimientos
uno a uno
para que no quede ni rastro
de por qué nos amamos tanto
y de qué maneras.

He llegado a pensar
que soy un psicópata.
Que carezco de emociones
y que me gusta incomodar
porque es la única manera 
que tengo para sentir
que vivo.

He llegado a pensar
que no merezco a ninguna de las personas
que me quieren desinteresadamente,
que soy un capullo y un malagradecido
y no entiendo cómo la gente sigue a mi lado.

He llegado a pensar
que nada nunca estará a la altura
porque llevo toda la vida aspirado
a algo que no existe,
intentando conseguir cosas que soñaba
y sintiéndome un puto desgraciado
porque los sueños,
eso son.
Y la vida,
eso es.

He llegado a pensar
que me gustaría incendiar mi cerebro,
hasta que todo sea cenizas
y poder dejar de pensar,
y de sufrir,
y de estar mal.
Incendiar cada pensamiento
y regalarte su fuego azul y blanco,
para que veas de lo que soy capaz por ti.

He llegado a pensar
en cuánta gente lloraría por mí en mi funeral.
Y tú también.
Pero es incomodísimo vernos reflejados en
cosas tan desagradables.
Y he pensado que yo me enfrento a estas cosas
día tras día.
Un muro enorme de lamentaciones
se despierta junto a mí cada mañana.
Y por más que trabaje en ello,
en derrumbarlo,
en cambiar las losas de lugar.
El mundo nunca dejará de quejarse.
Y este muro nunca dejará de pesarme.

He llegado a pensar
en lo injusto que es sentirme culpable
por todo
continuamente.
En lo difícil que me es hacer las cosas bien,
conformarme,
querer tal cual,
querer sin peros,
amar sin lucha,
sin guerras,
sin treguas,
ni heridos
ni bajas permanentes.
Amar como se ama
en los dos segundos de sueño
antes de despertar:

como una ballena en mitad del océano.

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