martes, 31 de marzo de 2020

Estrategias compensatorias.




Huele a muerto aquí dentro. 
Yo soy el muerto. 
Las paredes chorrean aburrimiento, 
mis sábanas detestan el roce de mi piel, 
yo me quisiera arrancar los huesos y doblarme 
hasta caber en el último cajón de ropa 
y olvidarme hasta la próxima primavera 
de que existo. 

Por más que me ducho 
no dejo de oler a muerte, 
celebro algunas casualidades terribles 
como si poder despedirnos de los nuestros 
fuera ya 
un 
privilegio. 

Estoy despierto dentro del ataúd 
más grande del cementerio, 
araño las paredes con ansiedad 
y desesperanza, 
consumo horas deseando 
no estar, 
celebro algunas casualidades terribles, 
tú tampoco estás aquí. 

Me siento solo, 
obligando a un cuerpo a hacer rutinas 
de reo 
sintiendo el peso del desastre en la laringe. 

Huelo a muerto, 
alguien me está chupando las ganas, 
alguien me ha impuesto esta depresión, 
no puedo soportarme 
si no hay nadie ahí 
que me sujete también. 

HUELE A MUERTO 

Quizás sean las ganas pudriéndose, 
la felicidad putrefacta, 
debajo de mi piel, 
que ya no es mía 
sino del tiempo. 

En cualquier caso, 
celebro la terrible casualidad 
de que no puedas contar 
lo triste que se volvió todo aquella 
primavera, 
en la que todos empezamos a oler a muerte 
para ahuyentar a los depredadores.

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