sábado, 11 de noviembre de 2017

No quiero.


No quiero meter toda nuestra vida
en cajas de cartón.
Toda nuestra vida,
en el recibí de una fianza.
No quiero despedirme,
ni olvidarme una camiseta
entre tu ropa.
No quiero sentirte tan lejos,
ver tus manos y encontrar en el frío
tu indiferencia y tu dolor.
Yo no puedo hacer nada ahí.

Me siento incapaz de
imaginarme sin ti,
incapaz de creer que esto
que me hace llorar
sea solo porque nos acostumbramos
demasiado.

No quiero que pienses
que no lo tengo claro.
No quiero marearte.
No quiero que lo pases mal.
Es solo cuando estoy a solas,
que mi cerebro necesita llorarte,
digerir un duelo raro,
un duelo vegetal,
un duelo en stand by.

No quiero marearte
pero aquí, en este sofá
te echo de menos
y busco alguna manera
de arreglar las cosas.
De estar bien,
de juntar nuestras
caras y nuestras sonrisas.

Nos echo de menos.

Y no quiero hacerlo.

No quiero:

A estas dos que somos ahora.
Silencios vacíos y angustiosos.
No quiero no reflejar amor en tus ojos
mil
color
es
.

¿Cuántas oportunidades está bien
malgastar
olvidando todo lo que nos queremos?
Por qué ya no me encuentro tras de ti,
por qué ya no sé quiénes somos.

Por qué tú y yo ya no podemos
en vez de querernos.

Querernos tanto que no duela,
bailar en la cocina
prohibir el frío en los pies,
preparar el desayuno,
tus besos de buenasnoches/buenosdías.
Dónde estás
y por qué ya no quieres

a esta gilipollas que te escribe
a destiempo,
esta que no quiere

que todo muera,

¿Quién perseguirá a Benijo entonces?

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