martes, 10 de abril de 2018

Algo se nos quedó en Madrid.




Me fui de Madrid sintiendo
que algo de mí se quedaba allí.
Me quedé en aquella despedida,
en un dolor tan hondo
y desagradable que aun sangra.
Me quedé dentro de toda una tristeza
que amarga y asfixia tanto
que no me deja llorarte.

Madrid se quedó con lo que fuimos,
en aquella puerta del 77.
Tú que sigues allí
piensas que huí,
que escapé de todos esos recuerdos,
que me llevé lo mejor de las dos,
y que es injusto.
Quiero que sepas que nada
compensa esta miseria,
pero nos reconstruiremos
y volveremos a sonreír
sin creer que una parte siempre será
de la otra,
dejaremos de pensar también
que no tenemos derecho a ser felices
si no estamos juntas
en una ciudad que nos devoró
las entrañas,
nos mató literalmente.

Madrid se quedó con la estúpida
egoísta que fui contigo.
Volver no siempre es fácil,
y menos con esta nube de abandono
sobre mis sesos.
Con tu cara diciéndome adiós
desde la acera.
Lloré mil años durante una noche,
y nadie lo vio,
como el resto de veces que siento
que me muero sin ti.
No fue suficiente la tristeza que disfrazo
que también quise arroparme con la tuya,
borrar tus lágrimas.

Madrid se quedó con mis sueños
de grandeza,
ahora soy incapaz de cerrar los ojos
sin verte en aquel portal
aguantando el tirón,
viéndome marchar.

Claro que llegamos tarde,
aprendiste todo lo que pude enseñarte
en un poema
y me siento tan orgullosa de ti
que también lloro de felicidad.

Madrid se quedó contigo
sin mí,
yo vivo en la isla que vio
nuestra mejor versión,
envuelvo en papel de regalo
todos nuestros recuerdos.
Aun te veo llorar
cuando cierro los ojos,
y puedo traer de vuelta
la sensación de abrazarte,
el olor de tu piel,
lo suave que es,
y dejo caer estos versos sobre ti
como si fueran lágrimas,

siento no saber llorar de otra manera,
mi amor.

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